Hay un cartel de “se vende” en la reja del Castillo Astelarra, entre las calles 511 y 520 de Quequén, a tres cuadras del mar. La casona de tres pisos, ocho dormitorios, cuatro baños y un mirador hexagonal con vista a todo el pueblo y parte de Necochea la construyó en 1904 el poeta, periodista y dramaturgo Martín Coronado. En 1936 la compró el médico José Astelarra, radicado en Balcarce y médico de Juan Manuel Fangio. En 2023 pedían 400 mil dólares. Hoy distintas inmobiliarias la publican a 150 mil.
La baja es del 60 por ciento en tres años y el aviso sigue cambiando de número. No es una ruina: las fotos muestran pisos de madera oscura, cielorrasos altos, una escalera en curva y la estructura en pie, sin grietas ni techos hundidos. El problema es otro. Es una casa enorme, cara de mantener, pensada para veraneos largos, servicio doméstico y generaciones enteras bajo el mismo techo. Ese modo de vida ya no existe y por eso el precio cae aunque el edificio siga en pie. Varios operadores la ofrecen al mismo tiempo y todavía circulan avisos con cifras distintas.
Cerca hay otro chalet Astelarra, construido en 1908 por Antonio Coronado, hermano del poeta, que en 2001 fue declarado patrimonio municipal. El castillo no tiene esa protección. Quedó en un limbo: ni abandono total ni rescate. Mientras otras casonas de la misma época se perdieron o se pusieron en valor, esta sigue con el cartel en la reja, cada vez más barata y sin dueño nuevo.
